Puebla

En uno de sus discursos, el presidente López Obrador anunció que donde hoy se ubica el Hangar Presidencial en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) se ubicaría la terminal 3, es decir, un edificio terminal adicional a los dos que ya existen en el aeropuerto Benito Juárez.

En el discurso y sólo en el discurso, suena bien que exista un nuevo edificio con más puertas de embarque, nuevas instalaciones y una nueva cara del viejo y disfuncional aeropuerto de la capital del país, sin embargo, en términos reales ¿de qué serviría una terminal más, una veintena --o más-- puertas y plataformas de embarque, si seguimos contando con dos pistas que no pueden tener operaciones simultáneas?.

La saturación del AICM no es sólo por la falta de puertas de embarque o plataformas, de hecho se utilizan posiciones remotas (cuando se aborda un avión fuera del edificio terminal y se traslada a los pasajeros en autobuses), el problema principal es que no hay a dónde crecer en materia de operaciones (despegues y aterrizajes).

Diversas líneas aéreas internacionales han querido iniciar operaciones desde el AICM, como fue el caso de Emirates, sin embargo por la falta de slots (espacios de despegue/aterrizaje) no le resultó rentable (solo le permitían tener tres frecuencias semanales), ¿por qué no se le autorizaron operaciones diarias?, por la saturación del AICM, porque no hay espacio para que aterricen y despeguen más aviones en ciertos horarios.

Constuir una nueva terminal no soluciona este problema de saturación.

Sí como es el plan del gobierno actual, se conservará el AICM para trabajar en un sistema de aeropuertos conjunto con Santa Lucía y Toluca, en lugar de construir una nueva terminal debiera pensarse en darle mantenimiento profundo a las dos que existen, ampliar las zonas de revisión migratoria y aduanas, modernizar los filtros de seguridad y cambiar las obsoletas empresas EULEN y CSI que operan sin profesionalismo, reordenar las tiendas Duty Free y habilitar espacios públicos más grandes y cómodos en las salas de última espera, renovar el servicio de sanitarios y habilitar elevadores y escaleras para los grupos vulnerables que usan las instalaciones, en fin, mucho por hacer en lugar de pensar en una nueva terminal.

Al día de hoy, nuestro AICM es una vergüenza por sus instalaciones y su funcionamiento. No justifica ni la cuarta parte de los impuestos que pagan sus usuarios y las aerolíneas que ahí operan.